"Algunos viajeros tienden a sobrepasar los límites de lo creíble; y si alguno de los presentes se atreve a dudar de mi veracidad, le diré que le compadezco por su falta de fe, pero, si hay aquí alguno, le ruego que se marche antes de que dé comienzo el relato de mis AVENTURAS NAVALES, todas las cuales son tan auténticas como las anteriores."
El Barón de Munchausen de Rudolf Erich Raspe
Estas palabras del Barón de Munchausen me traen recuerdos de historias que han sido y serán siempre evocadas con necesidad en momentos en los que sólo quedan los viajes y la fantasía como asidero o compañeros. A menudo espero vivir esas historias, o tal vez vivir historias que ni al mismísimo Raspe se le hubieran ocurrido para su insólito Barón. Admiro a este personaje, como a los de Verne, y me gustaría ser otro aventurero salido de la pluma de aquellos. Viajar, el viaje como rito iniciático, como necesidad, como ejercicio de introspección, como la búsqueda de Ítaca, en búsca de la Arcadia felíz, viajar con la seguridad del retorno, y recordar aquella sensación al bajar del tren, de vuelta en casa, con la promesa de regresar...

